Declaración de ALAMES en solidaridad con las victimas

de los Terremotos de Haití y Chile

Febrero-Marzo 2010

 

-La fuerza de la naturaleza y los contrastes imposibles de ocultar-

 

En poco más de un mes América Latina tembló literalmente hasta sus cimientos desde el Norte y desde el Sur, por el Atlántico y por el Pacífico. Los terremotos fenómenos telúricos que continuamos lejos de pronosticar y comprender a cabalidad, sacudieron ciudades, carreteras, torres de alta tensión, aeropuertos, puentes, puertos marítimos, destruyendo redes e infraestructura, demoliendo viviendas y edificios y dejando un saldo de víctimas, fallecidos, heridos, discapacitados y daños psicológicos en millones de sobrevivientes y familiares; una acumulación de huellas y daños que llevará décadas reparar.

 

ALAMES quiere expresar su profunda solidaridad con las víctimas directas e indirectas y su deseo de aportar a través de sus redes a la movilización de recursos y voluntades orientada muy especialmente a los más humildes y desposeídos que siempre pagan su cuota diferencial en todas las crisis.

 

Situaciones como las que han ocurrido reposicionan el valor de la salud en la sociedad y ayudan a entender los entramados de relaciones que trasparentan las múltiples y extensas conexiones que mantienen estrechamente vinculados a aquellos estancos, que habitualmente llamamos sectores, haciendo que escuelas se vuelvan hospitales, carpas se vuelvan refugios, lo que permite visualizar no solo las determinantes del proceso salud enfermedad atención sino la forma como éste proceso determina también las posibilidades y el ritmo de recuperación de las comunidades.

 

Las crisis movilizan sentimientos nobles y humanitarios en la opinión pública mundial que se vuelve testigo mudo de imágenes, relatos a cual mas estremecedor. Pero, -siempre hay un pero-, no hay forma de evitar analizar los contrastes que se dan entre ambos países y al interior de ellos para entender que una cosa es la magnitud del fenómeno y otra es la magnitud de la tragedia por detrás de él.

 

La diferencia en números simples un terremoto de 7,3 en la escala de Richter con 222.000 muertos, un terremoto 8,8 en la escala de Richter con 800 muertos. Aunque los números de víctimas sean dudosos, y naturalmente puedan modificarse lo que nadie duda es que Chile, con su histórica preparación para una eventualidad como ésta, cuenta sus víctimas por cientos y que Haití con su base social, económica y poblacional y sin preparación para una eventualidad como ésta cuenta sus víctimas en cientos de miles.        

 

Podría decirse que este es tiempo de espera, que es el momento de la ayuda, que es el momento de la acción y que no hay distancia, escucha ni pertinencia para decir ni hacer nada que ocurra fuera de ello. Sin embargo la literal “invasión humanitaria” y la presencia injustificada de tropas extranjeras en el caso de Haití y del ejército en el caso de Chile, indican que a pesar de los enormes contrastes ninguno de los dos países por la situación de pobreza o por la situación de inequidad estaba socialmente preparado para una realidad como esta.

 

Habrá quien piense que el terremoto cambiará la agenda del nuevo gobierno chileno hacia tareas de reconstrucción y de acción social, pero creemos que no hay nada más peligroso que dejar el campo libre, con la concentración de poder que habitualmente las crisis legitiman, a un gobierno que mirará el nuevo escenario con ojos de oportunidades de negocios y con un ejército que nunca rindió cuentas a la sociedad de sus crímenes, con el control de la calle. Enorme responsabilidad para la oposición y para la solidaridad latinoamericana en los años que vienen.   

 

El terremoto de Haití puso de manifiesto el entramado político que hace al abandono histórico de un país afroamericano que tuvo la osadía de creer que los valores de la revolución francesa eran para todos. La visita relámpago del presidente Sarcozy, primer presidente francés en visitar el país tras 206 años de independencia, tiene el valor de un gesto que mas que compensar visualiza esa marginación.

 

Mientras tanto Haití intenta volver a tomar un mínimo control de la reconstrucción o refundación de un país invadido por una cooperación descoordinada y caótica que a la par que resuelve también agrega problemas al país.

 

Consideramos auspicioso la realización de la Cumbre extraordinaria de UNASUR de febrero en Ecuador con la presencia del presidente de Haití y la creación de la Secretaría de Solidaridad y Cooperación para enfrentar catástrofes de países de la región de manera soberana , y la manifestación de apoyo con mecanismos financieros concretos de la reunión del grupo de Río en Cancún para la incorporación plena de Haití en el concierto de las naciones latinoamericanas.

 

El planeta tierra se expresa una vez mas como protagonista en la historia de la humanidad que porfiadamente continúa ignorándola y destruyendo sus delicados equilibrios. La convocatoria realizada por Evo Morales a una Cumbre por la tierra del 20 al 22 de abril en Cochabamba en preparación de la reunión mundial de cambio climático en México, resultará clave para no repetir el bochorno de Copenhague.

 

ALAMES llama a los compañeros y compañeras de todo América Latina a participar, a movilizar la solidaridad y a multiplicar los contactos con los movimientos sociales de los países que hoy están sufriendo los desbastadores efectos materiales y sociales de los terremotos, transformando esta terrible situación en una oportunidad para profundizar cambios sociales, para denunciar las expresiones de los medios que tratan de “naturalizar” diferencias y avasallamientos que ofenden y que intentan “apagar los reflectores tapando mediáticamente un terremoto con otro”.

 

Acompañamos y acompañaremos fraternalmente la expresión y las decisiones de los pueblos Chileno y Haitiano en esta difícil hora.