POR EL DERECHO A
UNIVERSAL Y PÚBLICO DE SALUD.
la Asociación Latinoamericana de Medicina Social (ALAMES) exponemos nuestra
posición ante la pandemia de Influenza, el caso de México.
A.
Sobre las determinaciones de la epidemia y sus consecuencias
1.
Para la humanidad
las epidemias nunca han sido un fenómeno “natural”; aunque en alguna época y algunas
corrientes de pensamiento suelen presentarlas así. Actualmente se cuenta con
suficiente evidencia de que son fenómenos resultantes de las formas de organización
y las relaciones sociales que los seres humanos establecemos (voluntariamente o
no) entre nosotros mismos y con otros seres vivos. Las pandemias de influenza han
sido un fenómeno biológico y social cuyo origen apunta, tanto a los cambios
virales por recombinaciones genéticas azarosas, como a un conjunto de
condiciones socialmente creadas para beneficio humano (alimentación,
conquista-colonización, enriquecimiento, etcétera). Por ejemplo, la gran
difusión de la epidemia de influenza española en los EUA y Europa se relacionó
con los movimientos de tropa en transportes atestados aun a sabiendas de los
generales de que estaban facilitando su transmisión. Asimismo, se ha
documentado que la producción en masa de aves de corral en el sudeste de Asia favoreció
el surgimiento de casos de influenza aviar afectando humanos en esa zona (afortunadamente
aun sin paso persona a persona). De manera análoga, se ha señalado que el
surgimiento de gigantescas granjas de cerdos o de pollos bajo lógicas
capitalistas (de acumulación y máximo beneficio al menor costo posible) es una
condición que favorece (entre otros tantos peligros a la salud) la
recombinación genética y aumenta el riesgo de pandemias. Es claro que las
granjas Carroll en Veracruz han provocado problemas de salud en sus alrededores
y aunque no se ha demostrado que su posible vínculo de las granjas con el
origen de la actual epidemia hay ya señalamientos de comités que han estudiado cómo
las formas de producción a gran escala de cerdos en granjas atestadas puede facilitar
el surgimiento de variantes virales como la que actualmente enfrentamos.
2.
Consideramos que las epidemias son históricas,
no en un sentido clásico de fenómenos seriados y factibles de ser narrados
cronológica y descriptivamente, sino porque las epidemias se asocian a las transformaciones
tecnológicas que requieren los modos de producción propios de un momento
histórico, en este caso bajo la lógica de acumulación capitalista globalizada. En
ese entendido, estas formas de acumulación aumentan los riesgos de salud para
los puercos, para la naturaleza y para los seres humanos. Así, bajo el
principio precautorio, y por los daños ya comprobados que estas granjas
producen a la salud, lejos de liberar de responsabilidad a estas Granjas con
base en el discurso proteccionista de que los pobladores no han “demostrado”,
su vínculo con el origen de esos males o de la misma epidemia de influenza
humana, debe considerarse que ésta y
otras tantas plantas criadoras de cerdos y aves y la producción a gran escala
de productos agrícolas con el uso de
transgénicos, ponen en cuestionamiento el fenómeno estrictamente natural de las
mutaciones.
3.
De otro modo, además de no indagar con firmeza
un origen nada descabellado de la influenza que hoy nos ocupa, se termina
compensando a los industriales que potencialmente crearon las condiciones para
la aparición del nuevo virus y su diseminación. Esa visión de naturalizar la
aparición de nuevos virus, lo único que hace es detener, contener, paralizar
las acciones necesarias para contener los peligros mundiales que además se transnacionalizan
de diversas formas a los países del sur.
B.
Sobre la lógica de los planes de contingencia. Los silencios y las
afirmaciones que sobresaturan y paralizan
1.
La impunidad. Los
planes de contingencia elaborados por gobiernos y organismos internacionales
ante una pandemia de influenza aviar o porcina han naturalizado el fenómeno y dejado
de lado el problema de las formas transnacionales capitalistas de producir
aves, cerdos y productos agrícolas. En la actual epidemia el gobierno mexicano
y las autoridades de salud, han tratado de excluir de cualquier responsabilidad
a dichas empresas que bien podrían ser fuentes de nuevas y más severas
epidemias por ser sitios donde se facilita la recombinación del virus. La
respuesta oficial del gobierno mexicano y de los medios masivos de comunicación
ha sido, tras naturalizar la epidemia, librar de responsabilidad de la mega
granja Carroll en Veracruz, sin siquiera realizar una investigación a fondo
(como las que se han hecho en sus plantas de origen en EUA). Y finalmente, la
epidemia “naturalizada” es atacada con medidas técnicas sin que nada de los
peligros generados por las formas de organización social sean tocados, dejando
a la sociedad expuesta al peligro.
2.
La inequidad. Sobre
las medidas tomadas, como con otras catástrofes (naturales o sociales), el caso
de la epidemia de influenza humana muestra que hay grupos sociales que se
encuentran en pésimas condiciones de vida para poder cumplir, en este caso, con
las medidas de ‘auto-cuidado’, tales como el distanciamiento entre personas,
necesario para evitar la transmisión del virus (en otros casos se trata de grupos
a los que se les dificulta realizar otras medidas como disposición de agua
limpia, protecciones contra vectores, viviendas adecuadas y derecho garantizado
a la atención médica adecuada, etc.). El Estado y los medios masivos de
comunicación difundieron ampliamente la necesidad de dicho distanciamiento,
pero poco se dice y menos se actúa para lograr “el derecho a distanciarse”
entre aquellos a quienes la organización de la sociedad capitalista se los
niega por la vía de los hechos (son grupos que tienen que ir a trabajar porque
el despido es la respuesta a las ausencias, o porque no hay otra forma de
conseguir sustento si se trabaja “por cuenta propia” y sin la menor seguridad
social). En un sistema de salud como el mexicano donde la atención médica está
fraccionada y es diferenciada para la población, es imposible garantizar el
derecho equitativo a la salud y a la seguridad
social. El llamado “seguro popular” no es un programa de seguridad social, sino
únicamente de atención médica parcial.
3.
La ineficacia. Las
medidas así planteadas son, para muchos y en el mejor de los casos, utópicas,
cuando no una franca ofensa. Los funcionarios de
Cabe señalar que las pésimas condiciones de vida y de
desprotección social en salud que se han evidenciado en la epidemia en México
así como la inequidad, la impunidad y la ineficiencia existen históricamente
también en toda latinoamericana.
C.
Sobre las deficiencias evidenciadas por la epidemia
1.
El desmantelamiento
del sistema de atención médica, caracterizado por la privatización,
fragmentación y la ausencia de una
verdadera vigilancia epidemiológica.
a) El sistema de
vigilancia epidemiológica. A pesar de existir desde hace varios años un plan de
contingencia ante una posible pandemia de influenza aviar, los mecanismos de
vigilancia epidemiológica fallaron en esta epidemia para detectar tempranamente
los casos debido a que durante los últimos años se ha desarrollado una política
de ahorcar y desmantelar las instituciones públicas de salud favoreciendo la
privatización. Esto ha tenido como consecuencia el debilitamiento de los
servicios no sólo personales de salud sino también los colectivos y los
mecanismos de vigilancia epidemiológica, (por ejemplo los laboratorios
especializados o el personal dedicado a vigilancia de casos en campo y la
sordera ante de las denuncias hechas por la población). En el caso de la
influenza, el sistema se “preparó” tardíamente para responder ante una pandemia
cuyo origen probable se monitorea en Asia.
Dentro del país no se invirtió ni se trabajó en un sistema para identificar
casos de influenza (de hecho la prueba rápida no se usaba para fines de
vigilancia epidemiológica). Se contaba con información insuficiente sobre casos de
neumonías y bronconeumonías; si bien es cierto que el virus era desconocido se
reaccionó tarde para solicitar ayuda internacional a Canadá, EU y
b) Los instrumentos
institucionales de salud de protección del riesgo sanitario estuvieron ausentes
y cuando los hubo fueron regateados por insuficientes. (¿Dónde estaba
D.
Sobre el manejo mediático de la crisis sanitaria
1.
No sabemos ni
sabremos la cifras de fallecimientos y afectados, no tenemos una idea clara del
grado de transmisibilidad del virus desde mediados de marzo y mediados de abril
por la falta de sistemas de vigilancia activa, confiable. Aunado a esto, existe
el clima de desconfianza histórica de la población hacia el gobierno, producto
de un cúmulo de hechos políticos, económicos y sociales cuyos efectos no van en
dirección del mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes del país. ¿Por
qué esperar que se quiera creer ahora? Ha sido difícil para la población aceptar
y entender las cifras que se difunden. Consideramos importante exigir que la
información generada en la vigilancia epidemiológica esté disponible y no se
maneje como “secreto de estado” a fin de la sociedad pueda contribuir al
análisis y la acción.
2.
En los medios
masivos de comunicación se tiene un discurso oficial que sostiene que ha hecho
bien su trabajo y que tiene toda la capacidad para encarar la crisis. Sin
embargo, una vez desencadenada la epidemia se pusieron de manifiesto otras
tantas consecuencias de la política de desmantelamiento de las instituciones
públicas de salud: los servicios no contaban con los medios de protección
necesarios para el personal de salud, lo que condujo a contagios y muertes. No
había las protecciones faciales adecuadas, no había el oseltamivir (que tanto
se dijo se tenían reservas suficientes, pero no donde se necesitaba –si es que
se tenían realmente), no había las pruebas diagnósticas disponibles, no había
la suficiente capacidad material para atender a los enfermos, etcétera. Y todo
esto se tradujo en una letalidad elevada, mucho más alta que la de otros países
afectados por esta epidemia. De hecho, la cantidad de personas graves o
fallecidas sin exámenes para identificar el agente, corresponde con la primera
fase de la epidemia, de la cual, ya no será posible saber la cantidad de
defunciones atribuibles a la influenza; pese a ello, en la medida en que estas
defunciones se contrasten con la mortalidad histórica por infección
respiratoria en los meses de abril y mayo de este año y por cada entidad, nos
darán en el futuro una idea de la cantidad de defunciones (en particular de
trabajadores de la salud) que se produjeron por estar el sistema de salud mal
abastecido para una epidemia de influenza.
3.
Sin embargo,
tenemos que reconocer que las medidas tomadas, aunque tardías, condujeron a
mejorar un poco los casos y se mejoró el sistema de distribución del oseltamivir , aunque no por igual en todas las
poblaciones (y sobre el cual hay aun que realizar una adecuada fármaco-vigilancia,
sobre todo en la perspectiva de considerar los grandes intereses económicos que
hay detrás de su producción).
E.
Sobre el diálogo del gobierno con la población.
1.
El ciudadano como
objeto de obediencia y sus consecuencias vs
situarlo como sujeto de derechos.
a.
La forma en la que
el gobierno enfrenta la epidemia reproduce la forma en que actúan ante todo
problema social: lejos de promover la organización de la población para poner
en marcha las medidas preventivas de manera equitativa y racional para todos,
dictan desde arriba las medidas a tomar y a no tomar, ubicando a la población
como mero objeto de sus órdenes y no como sujeto capaz de actuar e incluso de
inventar sus formas de cuidado colectivo. El manejo de la información de manera
confusa, la limitación de la circulación de ésta a unos cuantos datos centrados
en los casos graves, descuidando el análisis de los casos moderados y leves,
muestran una forma de enfrentar los problemas que trata a la colectividad como
si fuera incapaz de comprender y actuar racionalmente ante la epidemia.
b.
En este sentido, peligrosamente
se establecen decretos que facultan a las autoridades a pasar por encima de las
libertades básicas de las personas, que en otro contexto, sabemos se han usado para
atacar las luchas sociales.
c.
El monismo
noticioso en torno a la epidemia de influenza usado como estrategia de
distracción social da pie a que se tomen de modo silencioso otras decisiones; por
ejemplo, resulta preocupante que, tras el manto mediático de la epidemia, se
encarcela a 8 zapatistas acusándolos de delitos que no cometieron y que incluso
han sido confesos por otras personas.
F.
Sobre el énfasis en la inequidad social en el terreno del derecho a la
salud.
La indignante inequidad existente en el derecho a la
atención a la salud toma forma en los escasos recursos de las instituciones en
donde se atiende la mayoría de la población, en comparación con el derroche de
recursos en los hospitales privados enganchados con las aseguradoras privadas,
se manifiesta también en las diversas trayectorias del enfermo común, es decir
pobre, que tiene que recorrer para encontrar una atención adecuada, cuando no
una muerte que era por más de una razón, evitable. La epidemia entonces desnuda
a un sistema de salud roto y fragmentado –en donde el derecho a una atención
médica igual ante necesidades iguales se convierte en una utopía. Un sistema de salud como el mexicano, brindará siempre una
atención inequitativa invirtiendo más recursos en la fracción de la población
que más recursos y menos riesgos tienen, frente a la mayoría de la población
carente de servicios y de otros recursos.
La predicción de una posible nueva oleada (que
diversos expertos e instituciones señalan como bastante posible e incluso con
más fuerza), para dentro de unos meses, debe de ponernos en alerta, más aun si
desde ahora el gobierno, en lugar de mostrarse dispuesto a investigar a las
empresas que pudieran aumentar el riesgo de esta nueva oleada, se lanza
inmediatamente a exonerarlas, en la política imperante de no tocar a los empresarios
ni con el pétalo de una rosa (recordemos Pasta de Conchos). Si la nueva oleada toma
una dimensión mayor que la epidemia de abril, no hará sino reproducir las
ineficiencias e inequidades que ya se mostraron en esta primera oleada,
traduciéndose en el sufrimiento de los más pobres y oprimidos, quienes estarán
en peores condiciones para evitar el contagio, para atenderse a tiempo y para
acceder a los recursos disponibles para tratar la enfermedad. Todo ello en el
contexto de una política de abandono de la investigación científica, que ya ha
sido denunciada, y que podría apoyar al sistema de salud.
G.
Sobre nuestra posición ante los problemas que la epidemia de la
influenza humana hizo visibles
Por todo lo anterior, la medicina social latinoamericana
se pronuncia por actuar desde las colectividades que somos, en la dirección de
derrotar aquello que esta epidemia y otras tantas calamidades y la vida
cotidiana nos muestran, en el sentido de las grandes irracionalidades e
inequidades en salud, y por lograr un cambio que apunte a lograr el cumplimiento
del derecho a la salud de todos los ciudadanos.
Esto implica, entre otras cosas, luchar en lo
inmediato por establecer un control social de la política sanitaria, de los
servicios de salud y de las empresas, buscando evitar que pongan en peligro la
salud y la vida de las personas.
Implica también luchar porque en todas las condiciones,
incluidas las dadas por situaciones especiales como las de la epidemia, tengan
todos los ciudadanos el mismo derecho a protegerse de la transmisión, lo que
quiere decir que el acceso a las cargas y beneficios que implica vivir en
sociedad debe repartirse equitativamente y no en función de la propiedad de la
riqueza producida socialmente.
Los dos puntos anteriores, a su vez sólo son posibles
si ante problemas como la epidemia de influenza se superan las líneas y
estrategias autoritarias mediante las cuales el estado dicta e impone desde
arriba lo que hay que hacer, atomizando e incluso reprimiendo a la población (o
peor aún, usando la epidemia como escudo para reprimir como sucede en el caso
de los avances del ejército en Chiapas en estos días).
Ante ello se impone una forma colectiva y autónoma de
la población organizada, sólo así es posible controlar los determinantes de
potencialización de la epidemia socialmente generados, garantizar el derecho
igual a “distanciarse” o a una vacuna, o a un medicamento o a mandar a los
niños a una escuela con cubrebocas, agua y jabón para lavarse las manos, etcétera.
Finalmente, la epidemia nos muestra la necesidad de
construir un sistema de salud distinto:
·
Único e igual para
todos los mexicanos,
·
Universal, cuyo
acceso no esté nunca dado por la capacidad de pago ni la meritocracia, sino por
la necesidad de atención a toda la población.
·
Público, que sea organizado
y operado por instituciones públicas en donde la lógica de la ganancia y el
mercado no deforme los servicios ni excluya a los siempre excluidos de todo.
·
Autónomo, que
realice todos los esfuerzos (de vigilancia epidemiológica, de producción de
recursos e insumos médicos, de formación de profesionales de la salud,
etcétera), con base en los avances de la ciencia –producido de preferencia en
el país- y
·
Colectivo donde sus
esfuerzos estén fundidos con la organización de la población, jamás en contra de
ella, o sobre ella dándole órdenes emanadas de expertos con compromisos poco
claros hacia la defensa de la vida y de la salud.
Para los grandes problemas e inequidades sociales en
salud que actualmente vivimos en México, e incluso ante la amenaza de una nueva
oleada más severa de influenza, la mejor forma de actuar es luchar conjunta y
solidariamente por enfrentar la inequidad social que niega el derecho a la
salud en las condiciones de vida miserables para millones y para lograr los
cambios en nuestro sistema de salud enunciados antes. Impulsemos desde ALAMES
en todas las regiones, en cada uno de los núcleos la más amplia discusión sobre
estos puntos y promovamos el fortalecimiento de la lucha por el derecho a la
salud, por una adecuada información, por la existencia de una sistema de
vigilancia epidemiológica con participación colectiva y a la altura que el
conocimiento científico exige y por un servicio universal de salud y seguridad
social, que garantice adecuadamente el derecho a la atención a la salud, como
una responsabilidad del Estado y con la participación de la población.
¡POR EL
RESPETO A LAS CIUDADANAS Y CIUDADANOS, QUE NO REQUIEREN DEL AUTORITARISMO
SANITARIO!
¡POR LA
CIENCIA AL SERVICIO DE LA HUMANIDAD Y LA VIDA!
¡HACIA LOS
SISTEMAS UNICOS Y UNIVERSALES!
¡POR LA
DEFENSA DEL DERECHO A LA SALUD Y LA VIDA!
Coordinación General de ALAMES