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ALAMES Asociación
Latinoamericana de Medicina Social |
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Viejos rencores http://www.pagina12 Por Juan Gelman No hay palabras para abarcar la espantosa tragedia que vive
el pueblo haitiano. Algunos predicadores evangelistas estadounidenses creen
que sí. El muy radiotelevisivo Pat Robertson es uno de ellos. Atribuyó la
catástrofe “a algo que sucedió en Haití hace mucho tiempo, de lo que la gente
tal vez no quiere hablar”: “un pacto con el diablo” (//edition.com. El pastor baptista de la parroquia Buena Park, Wiley
Drake, que el año pasado aconsejó rezar por la
muerte de Barack Obama,
acompañó los dichos de Paterson aunque con más cautela. No sabía si Dios
trajo ese terremoto o no, pero aseveró que “las desgracias del país, su
extrema pobreza, la turbulencia política constante y la frecuencia de los
desastres naturales podrían ser la consecuencia del pacto con Satán” (//totalbuz
zofreedomblogging. Napoleón, el primero, el único, intentó aplastar un alzamiento provocado por la explotación extrema de miles de aborígenes africanos que, sometidos a un régimen brutal y obligados a servir tres años en una milicia dedicada a ejecutar a los prófugos, producían hacia el 1700 casi la mitad del café y del azúcar que consumía Occidente. Eran mano de obra esclava hasta el fin de sus días. Desde 1787 llegaban cada año más de 40.000 oriundos del Africa subsahariana y maduró la rebelión a un costo humano no calculado todavía. El emperador fue derrotado dos veces por las tropas rebeldes comandadas por el general autodidacto Toussaint Louverture y la rebelión culminó en 1804 con la Declaración de la Independencia de Haití, la segunda en el continente americano y la primera en la Historia de esclavos que abolieron la esclavitud. Las afirmaciones de Paterson y Drake parecen un remedo tragicómico de las relaciones entre Napoleón y Thomas Jefferson, el tercer presidente de EE.UU. La rebelión negra en Haití despertó las simpatías del American Federalist Party y de uno de sus principales arquitectos, Alexander Hamilton. Pero no todos los Padres Fundadores acompañaban ese sentimiento: Thomas Jefferson era dueño de tierras cultivadas por 180 esclavos, de las que nació su poder económico y político, y temía que cundiera el ejemplo haitiano. Apenas asumió la presidencia en 1801 fue secretamente sondeado por emisarios de Napoleón, quienes le pidieron que avituallara a las tropas francesas que navegaban hacia Santo Domingo para aplastar la rebelión negra. Jefferson tenía el mismo deseo y abasteció a la flota del emperador y a sus hombres, aunque se mantuvo neutral porque tuvo indicios de que el plan de Napoleón no terminaba allí: pretendía establecer una prolongación del imperio francés en territorio estadounidense con centro en Nueva Orleans y colonizar la vasta región al oeste del Mississippi en su poder. Los reveses napoleónicos terminaron con el proyecto: Francia se retiró de Haití y vendió a EE.UU. Nueva Orleans y la Luisiana. Jefferson nunca reconoció un hecho que el catedrático John Chester Miller, de la Universidad de Stanford, subraya: “Con su larga y dura lucha, los negros de Santo Domingo coadyuvaron a que EE.UU. pudiera duplicar con creces su superficie” (The Wolf by the Ears: Thomas Jefferson and Slavery, University of Virginia Press, 1991). El presidente Obama, al anunciar el envío de
asistencia realmente masiva a Haití, incluidos 100 millones de dólares y
10.000 efectivos para garantizar la seguridad, señaló “una larga historia
vincula a nuestros dos países”. No precisó en qué consistía: más que estar
con Haití, EE.UU. estuvo en Haití, la ocupó militarmente de 1915 a 1934
agravando su miseria. También se ocupó de Haití. En el 2004, el presidente
haitiano Jean-Baptiste Aristide
fue derrocado por paramilitares que ingresaron a Haití desde Santo Domingo.
Una docena de sus jefes habían sido entrenados durante años por las Fuerzas
Especiales estadounidenses basadas en Ecuador (www.nydailynews, 24-2-04). Y luego: un
alto funcionario de la embajada de EE.UU. visitó a Aristide
para asegurarle que lo iban a matar, que era mejor que se fuera “para evitar
un derramamiento de sangre”, al mismo tiempo que la Casa Blanca emitía una
declaración culpándolo de contribuir “a la honda polarización y a la
violencia imperantes” porque “no había observado los principios democráticos”
(www.america. |