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Operación plomo impune |
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un artículo de
Eduardo Galeano Producciones El
Retorno |
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Cuando votan a quien no deben
votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. Se convirtió en una
ratonera sin salida, desde que Hamas ganó
limpiamente las elecciones, en el año 2006. Algo parecido había ocurrido en
1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las elecciones de El Salvador. Bañados
en sangre, los salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces
vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es un lujo que no
todos merecen. Son hijos de la impotencia los cohetes caseros que los
militantes de Hamas, acorralados en Gaza, disparan
con chambona puntería sobre las tierras que habían sido palestinas y que la
ocupación israelita usurpó. Y la desesperación, a la orilla de la locura
suicida, es la madre de las bravatas que niegan el derecho a la existencia de
Israel, gritos sin ninguna eficacia, mientras la muy eficaz guerra de
exterminio está negando, desde hace años, el derecho a la existencia de
Palestina. Ya poca Palestina queda. Paso a
paso, Israel la está borrando del mapa.Los colonos
invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera. Las balas
sacralizan el despojo, en legítima defensa. No hay guerra agresiva que no
diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia
invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el
mundo. En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro
pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración
se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos
mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que
generan los palestinos al acecho. Israel es el país que jamás cumple las
recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca
acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de
las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la
tortura de prisioneros. ¿Quién le regaló el derecho de
negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está
ejecutando la matanza de Gaza? El gobierno español no hubiera podido
bombardear impunemente al País Vasco para acabar con eta, ni el gobierno
británico hubiera podido arrasar Irlanda para liquidar al
ira. ¿Acaso la tragedia del Holocausto implica una póliza de eterna
impunidad? ¿O esa luz verde proviene de la potencia mandamás que tiene en
Israel al más incondicional de sus vasallos? El ejército israelí, el más
moderno y sofisticado del mundo, sabe a quién mata. No mata por error. Mata
por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el
diccionario de otras guerras imperiales. En Gaza, de cada diez daños
colaterales, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la
tecnología del descuartizamiento humano, que la industria militar está
ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica. Y como siempre, siempre lo
mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un israelí. Gente
peligrosa, advierte el otro bombardeo, a cargo de los medios masivos de
manipulación, que nos invitan a creer que una vida israelí vale tanto como
cien vidas palestinas. Y esos medios también nos invitan a creer que son
humanitarias las doscientas bombas atómicas de Israel, y que una potencia
nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y Nagasaki. La llamada comunidad
internacional, ¿existe? ¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y
guerreros? ¿Es algo más que el nombre artístico que Estados Unidos se pone
cuando hace teatro? Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce
una vez más. Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las
declaraciones huecas, las declamaciones altisonantes, las posturas ambiguas
rinden tributo a la sagrada impunidad. Ante la tragedia de Gaza, los
países árabes se lavan las manos. Como siempre. Y como siempre, los países
europeos se frotan las manos. La vieja Europa, tan capaz de belleza y de
perversidad, derrama alguna que otra lágrima, mientras secretamente celebra
esta jugada maestra. Porque la cacería de judíos fue siempre una costumbre
europea, pero desde hace medio siglo esa deuda histórica está siendo cobrada
a los palestinos, que también son semitas y que nunca fueron, ni son,
antisemitas. Ellos están pagando, en sangre
contante y sonante, una cuenta ajena. EDUARDO GALEANO (Este artículo está dedicado a
mis amigos judíos asesinados por las dictaduras latinoamericanas que Israel
asesoró) |