PROPOSICIÓN CON PUNTO DE ACUERDO, POR EL QUE
SE SOLICITA AL EJECUTIVO FEDERAL REQUERIR AL CLERO CATÓLICO RESPETE
ESTRICTAMENTE EL MARCO DE LAICIDAD, LAS LEYES MEXICANAS Y LOS DERECHOS HUMANOS
DE LAS PERSONAS GAYS, LESBIANAS, BISEXUALES Y TRANSGENEROS, A CARGO DE LA
DIPUTADA ENOÉ URANGA MUÑOZ
La suscrita, diputada
federal Enoé Uranga Muñoz, integrante del Grupo
Parlamentario del PRD, con fundamento en el artículo 58 del Reglamento para el
Gobierno Interior del Congreso General de los Estados Unidos Mexicanos, someto
a consideración del pleno de esta soberanía la proposición con punto de
acuerdo, por el que se requiere al Ejecutivo Federal demande públicamente al
clero católico el cumplimiento de las leyes mexicanas empezando por su
obligación de cumplir estrictamente el Principio de Laicidad que rige al Estado
mexicano, la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación así como
los derechos humanos de las personas gays, lesbianas,
bisexuales y transgénero, según las siguientes
Consideraciones
Esta soberanía da
inicio el día de hoy a uno de los debates legislativos que serán fundamentales
para el futuro de la nación. Me refiero desde luego al fortalecimiento de nuestro
Estado Laico, la Comisión responsable de ello revisa ya con toda seriedad este
tema primordial para la democracia mexicana. En este marco, la iglesia
católica ha emprendido una campaña de presiones y ataques que buscan debilitar
la calidad de dicha discusión política. Como parte de esa estrategia ha elegido
como arma lo que para su virulenta destreza mejor funciona para crear confusión
y desinformación: La promoción del estigma y el odio contra los distintos a sus
decretos.
Como es del
conocimiento general, en días pasados, el cardenal católico Javier Lozano
Barragán, presidente emérito del Consejo Pontificio de Operadores Sanitarios
del Vaticano, declaró que "lesbianas, homosexuales y transexuales no
entrarán nunca en el reino de los cielos...” La frase completa que usó este
violador de la ley fue: “Tal vez no son culpables, pero actúan contra la
dignidad del cuerpo… esto no lo digo yo, sino San Pablo”.
¿La dignidad del
cuerpo? Dignificar al cuerpo es conocerlo y reconocerlo. Cuidarlo. Parte
fundamental de ello es procurarle amor y placer. Un cuerpo digno es un cuerpo
satisfecho en todos sentidos: bien alimentado, bien dormido, bien cuidado y
bien amado y embelesado a pleno deleite y bienestar. Estoy segura de que ello
es claro para todas y todos quienes tienen, como yo, la suerte de dignificar
sus cuerpos en lo correspondiente al amor.
¿Los homosexuales son
culpables? Como lesbiana yo sí me declaro culpable de lo que corresponda, me
declaro culpable de amar, me declaro culpable de no estar dispuesta a dejar mi
amor para otro siglo: no puedo, no quiero.
Me declaro culpable de
ser dueña de mi muy soberano cuerpo y de mi laico placer.
Me declaro culpable de
gozar y tener mis propios paraísos.
Y por supuesto que me
declaro culpable de contar, de dar por hecho, que ninguno de los universos a
los que ya he ido y ninguno de los cielos a los que desde luego iré, serán los
mismos para los que Lozano Barragán tiene ya adquirido boleto VIP para alzar el
vuelo. ¡Desde luego que no!!!
¿Quién quiere ir al
cielo de los pederastas??? ¿Al cielo de Marcial Maciel y Ratzinger,
quien no tiene pudor en confesar que fue integrante de las juventudes Nazis?
¿Al cielo de donde fueron excomulgados Hidalgo, Morelos, y las muy señoras
pecadoras Josefa Ortiz y Leona Vicario? ¿Al cielo de quienes torturaron y
asesinaron a Gertrudis Bocanegra por rebelde y a Giordano Bruno por sus
enseñanzas sobre la infinitud del universo? ¿¿Quién quiere ir a un cielo sin
Leonardo Da Vinci, Audre Lorde,
Miguel Ángel, Frida Kahlo, sin Albert Einstein, Simone
de Beauvoir,
Juana de Asbaje, un cielo sin
Marcel Marceau??? ¿De qué sirve ir a un cielo donde no se
pueda reír?? dijo Lutero.
No sé si fuera verdad
que como Lozano Barragán, el llamado “San Pablo” tuviera línea directa para
hablar con dios o si fueran efectos de su conocida y severa sífilis los que le
impulsaban (en caso de que sea cierto) a hacer tales afirmaciones, pero ojo
diputados, porque esa misma “condena” -elemento que por lo demás no tiene nada
de científico, de ético o legal, áreas en las que la convicción es: que lo que
sucede cuando te mueres (aunque te llames Norberto o te apellides Lewinski) es que te mueres-. Esa “condena de no ir al
cielo” aplica también y con toda puntualidad a los adúlteros y a los borrachos.
Se decreta que: “Las
chicas buenas se van al cielo” ¡Qué su dios las cuide de los miles de curas
acusados de violación, abuso y pederastia que (de existir) ya viven en ese
cielo y de los miles que llegarán
luego que su dios les llame a esa gloria!!! Las chicas buenas
se van al cielo -qué su dios las cuide- … ¡las otras vamos a todos lados!
Las mujeres que
decidimos sobre nuestras vidas, nuestros amores, nuestros cuerpos, nuestros
placeres y desde luego nuestros multiorgasmos, sea
cual sea nuestra convicción filosófica, religión, profesión, preferencia,
estado civil. Las que podemos tener alianzas con hombres inteligentes que saben
que “si la mujer no está, la democracia no va”.
Quienes creemos en que
los seres humanos tienen derecho a la felicidad, quienes sabemos que el mejor valor
de la sociedad está en su diversidad. Quienes entendemos que la democracia es
diálogo entre distintos, donde no tiene cabida la imposición absurda de
“verdades únicas e incuestionables”, somos innumerables, quienes estamos
comprometidos en esta idea de país, sin importar cual sea nuestra preferencia
sexual.
Y hablo de los seres
humanos, creyentes o no, que sabemos que elegir forma de vida es un derecho
humano incuestionable, de aquellos que daremos la vida por defender y
fortalecer el Estado Laico. Para que las mujeres y hombres del mañana se
avergüencen de este presente (su pasado) en el que es aceptable la mortalidad
materna en las comunidades indígenas, porque “si eres india no tienes alma” y
debes ganarla a costa del sacrificio de no tener acceso a información objetiva
y recursos que te permitan evitar la ya sabida condena aprendida de voz directa
del cura del pueblo: “tu destino es tener los hijos que dios te mande”, aunque
todos se mueran de hambre. De este presente donde es aceptable legalizar que si
eres mujer tu destino es ser madre, así sea porque te violen; que si tienes una
discapacidad seas objeto de compasión y se asuma que quien tiene un daño eres
tú y no este país que no está diseñado para incluirte; o una política donde se
argumenta (incluso en los debates legislativos) que si eres homosexual, eres
“menos hombre”.
“Sea hombrecito”, “no
se esconda en las faldas de las mujeres”, se ha gritado en esta tribuna desde
el fundamentalismo vestido de izquierda. “Puto” se le canta a Calderón para descalificarlo.
“Maricones” les dice la derecha a quienes se han aliado con la propia derecha.
Todos agravios
violadores de la ley, todos discriminadores, todos ignorantes.
¿Qué estatura de
hombre se requiere para ser abiertamente gay en un país en el que se te puede
asesinar impunemente por ello? ¿Cuán “hombrecito” es quien profiere insultos
homofóbicos desde el anonimato de las curules y en el amparo del fuero?
Es la iglesia. Es la
herencia del sometimiento y genocidio de sociedades en la que esa institución
se ha sostenido. Su poder -muy terrenal- depende de controlar las conciencias,
de manipular a las sociedades desde sus relaciones políticas, mafiosas, de
hacer vivir en la ignorancia y el miedo a los pueblos.
Las exhortaciones al
odio construidas desde la iglesia católica auto-encargada de fomentar y
alimentar el atraso y la desinformación colectiva. La misma Iglesia gestora, a
lo largo de XX siglos, de guerras sangrientas, crímenes de Estado y del
retroceso científico y cultural de la humanidad que motivaron que Borges
dijera: “El infierno de Cristo no necesita del resplandor del fuego”.
Quisiera que se
entienda que no es mi intención ofender una fe o creencias. Tengo (como la
mayoría de los católicos mexicanos) la convicción de que su espiritualidad va más
allá de lo que dicte un mal intencionado político religioso. Políticos del
Vaticano, como Barragán y Ratzinger (ambos voceros de ¿dios? por poder propio),
tienen en su historial actos en los que ha quedado en entredicho su honestidad
y compromiso con la vida. Han sido omisos, encubridores y cómplices de diversos
delitos y delincuentes. Pero, independientemente de ello, ni el más querubín de
los representantes del Estado Vaticano tiene la autoridad moral y menos
política, para enjuiciar el amor entre personas del mismo sexo en este país.
Por enésima vez, y por
encima de la ley, la iglesia Romana pretende controlar el cuerpo de las
personas, manipular las conciencias a través de la amenaza inasible de la
condena divina. Espero que en esta ocasión para esta soberanía sea claro que no
será el representante de un estado injerencista el que me venga a insultar y
amenazar impunemente en territorio mexicano.
No está de más señalar
que la homofobia es una enfermedad que tiende a padecer continuamente la alta
jerarquía y gran parte del clero católico y que debe ser tratable, ya que
afecta los derechos de terceros. En lo que se refiere a los derechos sexuales
son parte de los derechos humanos, los cuales tienen como característica ser
universales, inalienables, imprescriptibles, interdependientes, inviolables e
intransferibles, de manera que su ataque repercute en los demás aspectos de la
vida de las personas, a quienes les toca determinar libremente su preferencia
sin ser molestados en su privacidad, siempre y cuando no afecte los derechos de
terceros.
El clero quiere
destruir nuestra cultura laica y cuenta con cómplices en la política
institucional: ahí están las quemas de libros en Guanajuato, lideradas por
diputados con el silencio complaciente del ejecutivo local y federal. Ante los
ataques sistemáticos de que es objeto el Estado Laico (empezando por las
vergonzosas declaraciones hechas por el propio Presidente de la República), no
nos sorprendamos de la pretensión ya anunciada de que esos dogmas sean
trasladados al terreno de las leyes como en el pasado. La consigna de presionar
al jefe del Ejecutivo para que éste quebrante el principio histórico de la
separación del Estado y las Iglesias y asigne privilegios y poder indebidos a
la jerarquía católica, es un asunto que no se debe perder de vista. Es
inadmisible que el Gobierno federal permanezca pasivo ante las declaraciones
del legado papal.
No permitamos que usen
su basura contra la disidencia sexual y genérica como instrumento para
trastornar el fortalecimiento del Estado Laico. La declaración de Lozano
Barragán responde a los intereses de un Estado extranjero al que este señor
sirve, como lo es el Vaticano, muy ajeno al Estado mexicano que es el que nos
estructura y, por tanto, se trata de una injerencia que ofende a la soberanía
del pueblo de México.
Dicha declaración no
es un acto aislado ni fortuito, sino que responde a una embestida, claramente
planteada desde el Estado Vaticano y que tiene por objeto controlar al mayor
número de gobiernos de la región, sojuzgando a quienes se aparten de sus dogmas
fundamentalistas y preceptos eclesiásticos, pues su poder depende del control
de cuerpos y mentes, y ello atenta contra la dignidad de las personas.
Así, el control sobre
las libertades de las personas finalmente esconde una disputa del poder al
Estado mexicano, quien históricamente ha sido objeto de los intereses
económicos y políticos del Estado Vaticano. Es necesaria la firmeza que le
corresponde al Ejecutivo Federal, a través de la Secretaría de Gobernación,
para mantener las relaciones con las distintas asociaciones religiosas en un
comportamiento dentro del marco de respeto a los derechos humanos.
La Secretaría de
Gobernación debe hacer un apercibimiento o aplicar la sanción correspondiente ante
estas intromisiones en los asuntos internos del país por parte de estos
representantes del Estado Vaticano, que constituyen una flagrante violación a
nuestra Constitución Política y un desafío al Estado laico.
Por lo anterior,
someto a consideración de esta honorable Cámara de Diputados la siguiente
Propuesta con
Punto
de Acuerdo
PRIMERO.- Se requiere
a la Presidencia de la República demande públicamente a través de la Secretaría
de Gobernación, a las instancias jerárquicas de todas las iglesias y asociaciones
religiosas y en particular, a la católica, el cumplimiento de las leyes
mexicanas, empezando por su obligación de cumplir estrictamente el Principio de
Laicidad que rige al Estado mexicano, mismo que garantiza los derechos sexuales
de todas las personas sin discriminación homofóbica alguna; la Ley Federal para
Prevenir y Eliminar la Discriminación; así como los derechos humanos de las
personas gays, lesbianas, bisexuales y transgénero.
SEGUNDO.- Aplicar las
infracciones y sanciones establecidas en el Capítulo Quinto de la Ley de
Asociaciones Religiosas y Culto Público contra los representantes del Estado
Vaticano que han violado la ley, e informar a esta soberanía, a través de la
Secretaría de Gobernación, de los resultados alcanzados en un plazo no mayor a
los treinta días, considerando como parte de la sanción una disculpa pública
para con las personas lesbianas, gays, bisexuales y transgénero, por los mismos medios masivos de comunicación
que fue difundida la agresión.
Dado en el Salón de
sesiones, a 08 de diciembre de 2009
Diputada
Enoé Margarita Uranga Muñoz